La entrega más difamada

Assassin’s Creed es una de esas sagas de videojuegos que, con el tiempo, se han convertido en un meme andante dentro de esta industria, y esto no es gracias a un buen motivo, sino más bien a todo lo contrario. En concreto estos juegos se han hecho célebres por varias cosas, pero, entre ellas, podemos destacar sus mapas llenos de iconos y de cosas por hacer, y lo más celebré, la cantidad de bugs y glitches que tiene cada entrega de la saga. Centrándonos en lo último, podemos decir que Assassin’s Creed: Unity es, posiblemente, el juego perteneciente a esta saga que más destaque en eso, ya que en su día salió con una cantidad de bugs que era completamente imperdonable para un juego triple A y de precio completo. A pesar de esto no se suele hablar muchos de los demás apartados del juego, y esta es la razón por la que existe este análisis, para poner en una balanza todos los apartados de este juego, y no solo su desastroso apartado técnico.

Esta saga se caracteriza por tener una jugabilidad muy variada, pero siempre enfocada al sigilo, un sigilo que puede considerarse “lite”, ya que no requiere de mucha habilidad, salvo en los tramos finales de la aventura, además de que, a diferencia de muchos juegos de este género, puedes pasarte la mayoría de las misiones aunque te hayan descubierto. Todo esto junto hace que los juegos de esta saga sean muy accesibles para el público general, e incluso para aquellos que reniegan de los juegos de sigilo, y Assassin’s Creed: Unity llevó todo esto a un nuevo nivel.

En concreto, se potenciaron varios apartados dentro de la jugabilidad, apartados que iremos comentando poco a poco, porque si no se nos haría bola. El primero y, posiblemente el que más se nota, es el parkour, una seña de identidad de esta saga. No creo que me esté equivocando si digo que muchas personas empezaron a jugar a estos juegos debido a las habilidades de parkour que tienen los protagonistas de estos, y en Assassin’s Creed: Unity este apartado se lleva a un nuevo nivel. Puede parecer que esto no es demasiado importante, sin embargo, en gran parte de las misiones de sigilo, el parkour juega un papel fundamental. La única pega que le puedo poner a Assassin’s Creed: Unity en este apartado, y es una queja general a toda la franquicia, porque en todos los juegos pasa, es la falta de control en el personaje, ya que muchas veces pulsas ciertos botones que deberían hacer que tu personaje bajara poco a poco del edificio, pero en lugar de eso decide tirarse en plancha, de manera que te descubre ante el enemigo en un momento.

Sin duda, el apartado más importante en este juego tiene que ser el sigilo, aunque, como he dicho antes, en ningún momento trata de tener unas mecánicas de sigilo muy complejas, sino ofrecer una experiencia de sigilo que cualquiera pueda disfrutar, sin importar lo afín que sea el usuario a este tipo de juegos, y esto lo consigue de maravilla. Esto ya se encontraba en sus anteriores entregas, sin embargo, al igual que con el sigilo, esto se ha potenciado enormemente. Desde la utilización de la vista de águila, que en mi opinión es superior a la forma en la que se utilizaba en sus anteriores entregas, hasta la gran variedad de objetos a tu disposición. Todo en su conjunto, hace de este apartado uno prácticamente perfecto, lo que me lleva a pensar que con esta entrega llegaron a la cumbre con el sigilo, y desde entonces no ha hecho más que decaer en calidad. Si tuviera que poner una pega en este apartado sería la inteligencia artificial de los enemigos, que resulta ser muy errática, lo que hace que las misiones puedan ser extremadamente fáciles o extremadamente difíciles, simplemente porque un enemigo está mal programado.

La nueva mecánica más importante que se introdujo en esta entrega fue el multijugador, algo que ya se había intentado en juegos anteriores, pero nunca de manera que estuviera completamente integrado en el título. Esta no fue, en absoluto, una mala idea, sin embargo, la ejecución dejó mucho que desear en diferentes aspectos, lo que hizo que no calara en el jugador y quedara en el olvido de la saga, como un experimento que salió mal. El error más importante que se cometió con este apartado fue la confección de las misiones, que resultaron estar muy mal estructuradas, ya que, en vez de tener que repartir el trabajo entre los miembros del equipo, todo resultaba en que los cuatro fueran a intentar hacer lo mismo a ver quien lo conseguía antes, lo que no resultaba divertido en absoluto. Otro problema era la volatilidad de los servidores que se usaron para esta modalidad, lo que a veces hacía completamente injugable este modo, si bien no ocurría siempre, molestaba bastante cuando pasaba. En definitiva, me gustaría que no abandonaran del todo esta idea, y en un futuro no muy lejano volvieran a intentarlo, pero poniendo más trabajo en este apartado, ya que en este juego se sentía un trabajo inacabado.

Ya lo he comentado al principio, uno de los apartados memes dentro de esta saga es el mapa lleno de iconos con cosas por hacer y, lamentablemente, esto también se encuentra en esta entrega. En un principio parecería que esto no es así. Pero no hay que dejarse engañar, en cuanto llegas más o menos a un 20% de la aventura o así empiezan a aparecer iconos por todas partes, lo que hace que, instintivamente, te agobies y no sepas qué hacer a continuación. A los ojos de un desarrollador de esta saga puede parecer que esto sirve para darle más variedad al juego, o para justificar el valor que tenía en su día cuando fue lanzado, sin embargo, esto solo hace que el jugador se desvíe de la aventura principal de manera artificial.

La historia de esta saga suele estar dividida en dos, la del presente y la del pasado. La jugabilidad se centra siempre en la del pasado, pero en algún momento dentro de la trama ambas historias se acaban uniendo para dar lugar al final de la aventura, y podemos decir que este juego significó el final de la historia del presente tal y como la conocíamos. Es cierto que, ya desde la cuarta entrega numerada de la saga esta parte de la historia había perdido importancia, pero a partir del título que estamos tratando hoy ya no es que perdiera importancia, es que no tenía ningún valor argumental más allá de la justificación para estar viviendo la vida de personas que murieron hace mucho tiempo.

Como la trama del presente dentro de Assassin’s Creed: Unity es prácticamente inexistente, y cuando aparece es totalmente irrelevante, vamos a centrarnos en la del pasado, sin entrar en spoilers claro está. Esta historia no resulta ser del todo mala, pero es imposible no pensar que, desde Ubisoft, estaban intentando copiar el éxito que tuvo, y tiene hoy en día, la segunda entrega numerada de la saga, trayéndonos un protagonista que es sencillamente Ezio Auditore (protagonista de Assassin’s Creed 2), pero con menos carisma, además de con motivaciones menos definidas. Esto se puede ver claramente en que el trasfondo de ambos personajes, así como la razón que tiene para unirse a la hermandad de asesinos, son prácticamente iguales, pero con una diferencia crucial, con el protagonista de Assassin’s Creed: Unity es difícil empatizar, algo que no pasaba con Ezio. No es un mal personaje, sin embargo, queda claro que intentaron volver atrás para recrear un éxito anterior, algo que normalmente no sale bien, y en este caso más que bien o mal salió mediocre, todo esto porque no entendieron bien las razones por las que los fans aman a Ezio.

En cuanto al apartado gráfico podemos decir que está bastante bien. Corría el riesgo de que, al tratarse de un juego de inicio de la anterior generación, se viera anticuado hoy en día, sin embargo, no me produjo esa sensación en absoluto. Es cierto que sus entregas posteriores tienen un apartado gráfico superior, pero creo que esto es algo normal, y no es una razón para obviar el gran trabajo que se hizo con Assassin’s Creed Unity en este apartado.

La ambientación es, como en todos las entregas de la saga, sencillamente maravillosa, entregándonos, en este caso, una París en plena revolución francesa que quita el hipo de muchas maneras diferentes. No es sencillo de explicar, pero, de alguna manera, sientes que te encuentras en una ciudad dividida, con un pueblo que se ha levantado en busca de sus derechos, contra una clase burguesa que intenta desesperadamente salvarse de la guillotina. Todo esto unido a la propia ambientación de las misiones, en las que, en muchas ocasiones, te cuentan la historia de ciertos personajes importantes en este periodo histórico, ayuda en gran medida a la inmersión.

La banda sonora es sencillamente espectacular. No hay mucho que comentar en este apartado, simplemente es muy buena, como pasa en todos los juegos de la saga, sin embargo, en este caso se destaca bastante.

Por último, entramos en el punto más escabroso de este juego, su apartado técnico. En primer lugar, me gustaría dejar claro que yo no lo jugué cuando salió, así que mi experiencia no fue la misma que la de las personas que lo compraron de lanzamiento, dicho esto, sí, tuve bugs, pero no fueron para tanto. En ciertas ocasiones tuve problemas de cuelgues, o algunas veces atravesé el suelo al caer y tuve que reiniciar el juego, pero esto no me ocurrió de manera generalizada, es decir, que pude disfrutar de una experiencia de juego decente, lo que no quita que en su día pudiera ser considerado una estafa en toda regla, pero hoy en día es un título completamente jugable, a la vez que disfrutable.

Como conclusión me gustaría decir que este es un juego que no mucha gente aprecia, pero que, en lo particular, me pareció de lo mejor que tiene la saga para ofrecer, especialmente en cuanto al sigilo se refiere. Un apartado jugable muy bueno, una banda sonora impecable, un apartado gráfico que quita el hipo, y una ambientación digna de admiración, hacen de este un gran juego, lo que no quita que también tiene apartados malos, como pueden ser su historia y su apartado técnico. A pesar de tener apartados notablemente malos este es, sin duda, un título indispensable dentro de esta longeva saga.

Un comentario sobre “Análisis: Assassin’s Creed: Unity

  1. Víctima de su ambición. Así podríamos definir esta entrega desarrollada en exclusiva para la otrora actual generación de consolas. Una entrega que pone de manifiesto una visión revisionista y contrarrevolucionaria, una tremenda descarga de imaginería artesanal que equilibra rigurosidad histórica con ciertas licencias artísticas.

    Por desgracia, esta ambición no logra sobrepasar la línea de sombra que proyectan otras iteraciones de la serie. Sea como fuere, sin ser absolutamente perfecto y con sus errores conscientes, es un buen divertimento. A todas luces conservador, pero entretenido.

    Un saludo y buen análisis ^^

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