Regreso al pasado, pero del futuro

Hace ya varios días que me decidí a jugar Narita Boy para poder hablar sobre él, pero, sobre todo para poder comprobar de primera mano la belleza estética y sonora que, según decían, lucia este juego. Cada comentario al respecto no iba para nada mal encaminado, ni eran exageraciones. El juego desarrollado por Studio Koba y distribuido por Team17 es un espectáculo audiovisual, pero la cosa no se queda solo ahí. De todo ello vamos a hablar ahora.

Narita Boy es una experiencia que combina lo retro de su estética con lo moderno de su gameplay. Estamos ante un juego plagado de referencias a los 80, y no solo por lo visual y el sonido, ya que durante esta aventura no dejaremos de encontrarnos ciertos elementos que nos demuestran esas influencias retro. Todo eso lo combina con una forma de jugar muy fluida (en ocasiones demasiado), con la que tendremos que familiarizarnos conforme vayamos avanzando si no queremos sufrir más de la cuenta.

La obra de Studio Koba nos lleva al interior del juego Narita Boy (el juego dentro del juego), el título exclusivo de la Narita One (la consola ficticia que cobra vida para reclamar la presencia de nuestro protagonista), con la misión de salvar el Reino Digital de las garras de HIM y sus Stallions. Básicamente, HIM es una especie de ente que surge de un fallo en el código fuente del título que da nombre a este proyecto y los Stallions son sus secuaces, que querrán impedir que cumplamos nuestro objetivo antes de llegar al enfrentamiento final. Además, por algún motivo, el villano consigue establecer una conexión entre la realidad y lo virtual, lo que le facilita borrar la memoria del creador (el creador de la consola y el juego), Lionel Pearl Nakamura, y así tener más sencillo poder hacerse con el control de todo ese mundo.

Por supuesto, nuestro papel en esta historia es el del mismísimo Narita Boy, un joven que es absorbido por la propia consola para cumplir su papel como “el elegido”. Hacer que el creador recupere la memoria y acabar con HIM, ese es el objetivo. Una premisa sencilla a la que de primeras cuesta entrar.

Como digo, los primeros compases del juego se nos pueden hacer algo tediosos, ya que da al jugador una cantidad de información abrumadora y si no terminas de aclararte con algunos términos puede ser peor el trago. Afortunadamente, esa situación se transforma en una trama que, sin ser nada del otro mundo, funciona bien gracias a esa ambientación retro-futurista que se complementa con un aire tecno-religioso que da cierta profundidad a ese mundo y sus personajes (si os adentráis en el título veréis lo resultón que es).

Todo eso sería una de las líneas narrativas del juego, la otra se centra en las memorias del creador. Como ya he dicho, una de las partes fundamentales para cumplir nuestra misión es conseguir que Lionel Pearl recupere la memoria para poder hacer frente a ese fallo en el código fuente, esto nos conduce a una parte en la que se nos presenta el pasado del creador y los motivos que lo han llevado a ser el hombre que es. Unas secciones llenas de momentos en los que las imágenes hablan (aunque también tendremos un poco de texto para situarnos en su contexto) y nos cuentan una historia llena de sufrimiento y dolor. Quizás, algunas cosas estén muy cogidas con pinzas, por decirlo de algún modo, pero sigo creyendo que es una parte fundamental para entrar al juego. Además, tengo que reconocer que alguna de las memorias me llego directamente a la patata, haciendo que aflorasen algunos recuerdos dolorosos.

El salón de las memorias, el paso previo a desbloquear alguna parte de la memoria del creador.

Ahora vamos a hablar del apartado jugable de la obra. Como Narita Boy, tendremos que aprender una serie de mecánicas que en un principio pueden resultar algo torpes o poco intuitivas, algo que cambia cuando empiezas a familiarizarte con ellas. Desde el momento en el que nos hacemos con la Tecno Espada (el arma que nos ofrece la obra para hacer frente a todos nuestros enemigos) el juego pega un subidón importante, ya que desde ese momento empezaremos a descubrir nuevas habilidades que nos facilitaran mucho nuestra experiencia, ya sean para utilizarlas en combate o para poder desplazarnos por los escenarios. Algunas nos servirán para poder llegar a zonas que con un simple salto no llegarías, otras hacen la función de potenciar algunos ataques (incluso para convertir nuestra Tecno Espada en una especie de escopeta) y alguna que otra nos servirá para ambas cosas.

Tenemos un gran abanico de posibilidades, tantas que parecerá que nunca va a parar de brindarnos algo nuevo. De hecho, en nuestro camino nos iremos encontrando con los Colegas del Tricroma, que básicamente son tres potenciadores extra que podremos usar para hacer más daño a los enemigos, pero tendremos que ir con ojo, ya que también podemos recibir más daño si nos atacan. También, será importante aplicar esos ataques especiales a los enemigos adecuados, ya que el propio juego nos indicará cuál es el potenciador que más efecto tendrá sobre cada uno.

Como veis, el juego cuenta con un repertorio increíble, lo que lo hace más disfrutable e interesante con respecto a su nivel de aprendizaje. Algo que me ha parecido muy satisfactorio es lo bien que se combinan todos los movimientos que hace el personaje a la hora de combatir, ya que con el joystick podemos manejar y dirigir nuestros ataques para deleitarnos con las diferentes animaciones que cuenta para representar el combate. En ocasiones, el nivel de respuesta de esos movimientos puede costarte muy caro porque parece que el propio Narita Boy se pierde entre tanto derroche de habilidad, pero esto puede que solo sea algo personal y, como he dicho, puntual. Así que, me quedo con lo positivo y con el espectáculo que resulta, sobre todo, visualmente hablando.

El juego de Studio Koba también cuenta con un sistema de juego que bebe del metroidvania, a pesar de ser un juego de acción y plataformas, lo que implica que la exploración y el backtracking tienen cierta relevancia, sobre todo la exploración. Aquí lo importante es encontrar llaves (en forma de disquetes, haciendo una de esas referencias a lo retro) que nos permitan abrir ciertas puertas para poder avanzar. También aporta algunos puzles, en los que tendremos que aplicar ciertos patrones de colores y formas para acceder a algunas zonas. Estos patrones nos los encontraremos repartidos por los escenarios.

Contamos con algunas fases en las que Narita Boy muta en algo más poderoso.

Cierto es que, en un principio es bastante difuso todo lo relacionado con su sistema de exploración (si a eso le añades la falta de mapa, agrava un poco la situación), pero conforme van pasando los primeros escenarios vamos entendiendo mejor lo que el juego quiere que hagamos. Aunque, creo, que lo que mejora mucho esta propuesta es la capacidad que el título va desarrollando para contenerse y hacer que la experiencia de juego sea más satisfactoria, haciendo que sea más accesible descubrir toda su historia, sus personajes (ya sean amigos o enemigos) y cada uno de los lugares por los que transcurre el juego. Por lo tanto, no deja de ser un juego bastante lineal a pesar de contar con algunas situaciones que requieren una exploración más concienzuda.

Si hay algo que hace que toda esa exploración merezca la pena son sus escenarios y, porque no decirlo, su combate. El juego cuenta con una cantidad de escenarios muy agradables a la vista, en los que siempre pasa algo (las capas de animación que le han metido dan mucha riqueza a su mundo) que nos detendrá para poder mirar detenidamente. Pero, si hay algo en lo que el juego hace un gran despliegue de medios es en la cantidad de enemigos que han diseñado. Narita Boy cuenta con una gran variedad de tecno-bestias, cada una de ellas diferentes a la anterior, lo que hará que tengamos que utilizar diferentes estrategias a la hora de enfrentarnos a ellos. Algo que también se aplica a los jefes finales de este juego.

Realmente, no estamos ante un juego que apueste por ser difícil, ayuda mucho el hecho de contar con muchos puntos de guardado de manera bastante seguida, pero sí que cuenta con ciertos picos de dificultad que requieren más concentración que el resto. La gran mayoría de esas partes más complejas se concentran en la fase final del juego. Hablando un poco de todo, también hay que decir que no es una propuesta muy larga, o no excesivamente, ya que en unas 10 horas puedes completarlo. Aunque, tengo que decir que yo tardé algo más por una serie de confusiones.

Estampas como estas son constantes durante nuestra travesía.

Ahora sí, vamos a hablar del principal atractivo del juego, su apartado audiovisual. El juego nos presenta un pixel art perfectamente ejecutado, el cual demuestra el mimo que le han puesto (al igual que a todas sus animaciones), yo diría que es de los mejores pixel art que he visto nunca. Eso está aderezado con unos escenarios llenos de detalles y unos personajes que lucen de manera única. Como no puede ser de otra forma, el color tiene mucha importancia en este título, ofreciendo paletas de colores variadas para cada uno de los niveles, dándole más personalidad si cabe. Aunque si hablamos de personalidad no podemos olvidar el tema de los contrastes y el filtro CRT. Lo primero es algo que veremos muchas veces, ya que el juego cuenta con varios momentos o elementos que destacan por su excesivo brillo, a mí me parece que realza mucho la belleza de Narita Boy, pero si a eso le añadimos el filtro CRT (que se puede activar o desactivar al gusto y, aun así, no afecta a la calidad visual) el resultado es casi asombroso de lo atractivo que resulta todo mezclado.

Lo que no se queda atrás es su música y sus efectos sonoros. Los efectos están muy implementados y consiguen los que buscan, generar la mayor inmersión posible. Lo que también ocurre con la música, que se adapta a cada una de las situaciones que nos regala el juego, tanto en los momentos de acción, como en los momentos más sentimentales y profundos. Incluso en la pantalla de inicio la música destaca y te invita al vicio en busca de más temas como ese.

Narita Boy me ha gustado bastante, la verdad, pero aun así tiene algunos fallos que merecen ser comentados. Uno de ellos tiene que ver con la falta de mapa, que al principio se puede convertir en un suplicio y que conforme va avanzando el juego te vas olvidando un poco, pero su inclusión sería muy favorable. Otra cosa que me gustaría mencionar es la excesiva agilidad que demuestra en ocasiones, ya que a veces cuesta medir los saltos entre plataformas, lo que nos lleva a perder algo de vida varias veces. Por suerte, le acabas cogiendo el punto, así que más que un fallo es una pega que se vuelve anecdótica. Si bien todo eso se pueden considerar minucias o quejas pasajeras, hay algo que puede pasar bastante factura, y no es otra cosa que la propia narrativa del juego. Narita Boy se empeña desde el principio en darte mucha información (algo que poco a poco va dejando más espacio a la acción y la exploración, pero, aun así, siempre habrá un poquito de chapa de más), algo que puede confundir y saturar al jugador desde muy pronto, haciendo que decida abandonar la partida, lo que sería una pena. Una vez estás inmerso en la aventura todo ese texto espeso pasa a un segundo plano, pero efectivamente puede ser una gran barrera para muchos. E insisto, me parece un universo muy bien planteado y con muchas posibilidades.

Otra imagen más, simplemente para que apreciéis su belleza.

En definitiva, estamos ante un juego que no será perfecto, pero si consigue lo que se propone, siendo un espectáculo audiovisual y muy atractivo a la hora de jugarlo. A pesar de contar con elementos de un metroidvania, aquí lo importante son los combates y la aventura en sí misma. Narita Boy es una experiencia que viene acompañada con dos historias paralelas que en conjunto funcionan bastante bien, a pesar de que en un principio cuesta pillarle el gusto a una de ellas. Pero, sin duda, lo que hace de Narita Boy un juego a destacar, es su apartada artístico y audiovisual, que con su ambientación, animaciones, música, efectos y la forma que tiene de aplicar los colores y sus contrastes, entre otras cosas, consigue dotar al título de una belleza única. Por lo tanto, el juego de Studio Koba ha resultado ser una auténtica referencia artística, con puntos a mejorar, pero que se disfruta a todos sus niveles.

Por cierto, el juego está disponible para PlayStation 4, Xbox One (incluido en Game Pass), PC y Nintendo Switch. En este caso, hemos jugado la versión de Xbox Game Pass de PC.

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